Amiga Paz,

Este es mi reporte tras participar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021:

🔪🔪🔪 ACUCHILLAR ðŸ”ªðŸ”ªðŸ”ª

Siento que estuve esos días en una coreografía de lo estático, en medio de un costoso aparataje que no avanzaba, con las mega corporaciones globales teniendo demasiado protagonismo, y con muchos, muchos cuicos alrededor.

Para explayarme en mi frustración déjame contarte que uno de los días de la conferencia estuvo dedicado al tema de la comida y por supuesto los eventos centrales fueron básicamente ejercicios de relaciones públicas para las empresas privadas, recuerdo con especial odio un panel donde habían ejecutivos de supermercados en el que la gerente del Sainsbury, con un tono muy afectado, hacía un llamado a resolver el gran problema sobre alimentación y cambio climático: los clientes debemos dejar de meter las manos bien adentro de las góndolas para elegir el producto con la fecha de vencimiento más lejana, porque si hacemos eso luego el supermercado se queda con demasiada comida vencida que tienen que botar, a esto agregó la emocionante historia de un amigo de ella que planifica sus comidas para cada día excepto los jueves que es el día donde simplemente improvisa de acuerdo a las sobras que tiene en el refrigerador, para facilitar esta innovadora técnica, Sainsbury tiene una solución crucial: una página web llena de recetas.

Comprenderás mis ganas de 🔪acuchillar🔪 po amiga. Al final de mi viaje ya ni iba a los espacios oficiales de la conferencia y participé más del evento paralelo que se organizó, la People’s Summit for Climate Justice organizada por la COP26 Coalition. Y si bien las obscenidades corporativas no eran parte del programa, de todas formas terminé decepcionada de muchas de las aproximaciones activistas al tema de la emergencia climática. También me dio la impresión que estaba todo bien cargado al cuiquerío y demasiado centrado en temas de identidad. Por ejemplo un día estuve en un plenario que me dejó con dolor de cabeza con tanta discusión sobre quien tenía más o menos privilegios, recuerdo una acalorada intervención de una mujer joven inglesa con tourette argumentando sobre la necesidad de incorporar una mirada desde la discapacidad respecto al tema de la crisis climática porque la medida de prohibir las bombillas plásticas era una idea “ecoableista” ya que había gente con discapacidades que necesitaba las bombillas plásticas, que si se insistía en esta medida, la revolución no pondría las discapacidades en el centro y por consiguiente no tendría ningún valor. Y pucha, espero que no me cancelen por esto, pero me parece que enfocar el debate en esos temas demuestra que estos grupos no entienden la gravedad de la emergencia climática, es más, me atrevería a sospechar que este problema de las bombillas plásticas y el â€œecoableismo” no excede lo anecdótico porque francamente dudo que los movimientos ecologistas se opongan a que si alguien realmente necesita una bombilla plástica por razones de salud pueda usar una. La cosa es que yo estaba metida ahí en ese espacio escuchando problemas de ese tipo relacionados a identidades específicas haciendo sus demandas y pidiendo estar en el centro del asunto que al final de la jornada ya era tan populoso que ni tenía centro.

Esto me recordó a un punto que hace Andreas Malm (que también anduvo en Glasgow), en su libro How to Blow a Pipeline, donde afirma que existe una inacción en el activismo climático que está relacionado con el “bla bla bla” de los políticos, de acuerdo a Malm estaríamos en un estado de inmovilidad donde la palabrería inútil es respondida con más palabrería hasta que en un momento las estructuras de poder aceptan las demandas del activismo que menos compromete el sistema económico. Es por esto que Malm arma un caso a favor de acciones directas que implican cierta violencia y transgresión legal. Para complementar este argumento el autor cita a Nelson Mandela que en un momento expresó que sí apoya los métodos no-violentos siempre y cuando fueran efectivos, pero si son inútiles no tiene sentido ejecutarlos. Todo esto también sirve para denunciar un cierto fetichismo que existe en el activismo respecto al pacifismo y a acciones meramente performativas. 

Bueno, te comento todo esto porque me preocupa bastante y porque creo que es donde más podríamos contribuir. Claramente era predecible que las corporaciones llegaran a la COP26 a proponer basura pero de facciones activistas es natural que una espere estrategias que comprometan significativamente la estructura dominante.

Ya, pero no todo fue tan malo, en la misma People’s Summit implementaron una sede dedicada específicamente a temas de soberanía alimentaria y la gente que conocí realmente me voló la cabeza, muchas personas del mundo rural trabajando el tema de forma súper estratégica, desde tecnologías para la alimentación local hasta incidencia en políticas públicas, conocerlos fue una bendición sobre todo después de escuchar a la vieja asquerosa del Sainsbury. Me mini enamoré de Jesús, activista de la Organización Boricuá de Agricultura Ecológica en Puerto Rico y aprendí mucho sobre cómo las políticas de soberanía alimentaria deben ser apropiadas culturalmente y desarrolladas por granjeros locales que saben qué alimentos cultivar y cómo organizar la ganadería y la pescadería a escala local, aquello me pareció muy importante y me ubicó en mi palmera, sobre todo como persona que se da mega color por no comer cadáveres de animales jaja.

Como puedes ver, pensé pocazo en temas de tecnología, estando con las organizaciones campesinas me sentí súper perkin, igual estuvo bueno articular unas ayudas de seguridad digital y ofrecer mails de Riseup <3. De todas formas creo que podemos aplicar los esquemas de quienes están en la primera línea de la defensa de la tierra a nuestros activismos de la tecnología: el anticorporativismo, la pertinencia cultural, el fin de los egocentrismos disfrazados de lucha social, entre otros.

Ya amiga, podría estar mucho rato copuchando, a ver si nos vemos pronto y continuamos el pelambre tomándonos un copetito. Te quedo debiendo la selfie con Greta pero te dejo una fotito de mi héroe absoluto de la vida con quien coincidimos en Glasgow.
Beso,

Danae


Oh, qué fascinante, mi respuesta a tu correo sería solamente un cuentame másssssssssssss, qué pena no haber estado contigo porque full pelambre en las nochecitas.

Estuve siguiendo los reportes de la conferencia, en la medida de lo posible, y pensaba también en las crisis planterarias que seguimos alargando debido al fracaso de la ONU: emergencia migratoria, pandemia COVID-19, y crisis climática. Por supuesto, nadie espera mucho de la ONU por cómo está configurada, pero es verdad que una termina preguntándose how to blow up a pipeline.

Pero muy influenciada por la situación en Chile (y en varios países de América Latina) me doy cuenta de que el peligro del fascismo es siempre real e inmediato, y ya me ves aquí, defendiendo mecanismos fallidos como la ONU porque lo otro es, a esta altura, simplemente el insoportable silencio de la violencia impuesta por las fuerzas reaccionarias. La vida, lo supimos siempre, amiga d., no iba a ser fácil para alguien cuyo sueño es estar tranquila en su casa.

Me dio risa lo que me contabas de identity politics en la COP26, porque creo que ya lo hemos hablado antes, ese horroroso show cuando vacias el poder y te aferras solo al gesto vacío de una identidad fija, como de publicidad en Instagram. Justo hoy leí a una argentina que vive en Holanda que se cagaba de risa porque un holandés había publicado que, un verdadero gesto de descolonización, era que dejara de haber tanta prevalencia del inglés en las universidades de ese país en desmedro del holandés. Onda un holandés le dice a un británico: ¡para con tu colonización! JAJAJAJA. Los humores del mundo desarrollado, que nunca falten, por favor.

Yo opino, sinceramente, que cada vez que CUALQUIER conversación se pone enredada o latera, partiendo por la crisis climática, debemos volver a la escuela clásica de análisis: ¿quién se disputa la tierra? A propósito, esta cita que saqué del facinante “A Billion Black Anthropocenes or None” de Kathryn Yusoff, me encantó: Â«Acertadamente, captando la geomatriz de las formaciones raciales y el despojo de tierras bajo el colonialismo, W.E.B. Dubois (1920, 54) definió la blancura como la “propiedad de la Tierra por los siglos de los siglos”».

Me parece, por ejemplo, tan interesante analizar esta lucha cuando se examina la demanda masiva de “tierras raras” (tan necesarios para la digitalización y las energías verdes). Esas vueltas de la vida han hecho que China sea el productor dominante y todos los demás colonizadores busquen oportunidades. Y Groenlandia aparece, de nuevo, en el mapa (tal como habiamos hablado antes en Gatito): debido al derretimiento de hielo del Ártico, la prospección minera (que incluye las “tierras raras”) le abrió el apetito hasta a EEUU que, con Trump, ofreció comprar la isla (si total hay unos indígenas que a nadie le importan). Pero hace algunas semanas, los habitantes de la isla bloquearon el proyecto de extracción de “tierras raras” más importante en el lugar, aduciendo, entre otras cosas, la búsqueda de la independencia de su colonizador, Dinamarca, y del modelo de desarrollo económico impuesto.

Adivina en qué otro lugar hay otro proyecto muy polémico de “tierras raras” en el planteta… Â¡sí, adivinaste! Pero necesito una carta nueva para contarte todo y quizás eso mejor sea un proyecto para el 2022, que ya el 2021 me dejó con energía 0 para pensar en dueños de la tierra, las tierras raras y la Tierra.

Felices fiestas, amiga querida.
Te extraño siempre.
p.