Oh, Danae

¡Qué semanas! En medio de los comentarios de listillos insoportables enmarcados en la Cumbre sobre Acción Climática de la ONU, tuve un oasis encontrándome con lecturas muy entretenidas. 

Hace tiempo que lo que más me molesta no son ni los negacionistas ni los misóginos paternalistas contra Greta Thunberg, sino más bien esa reiterada indicación de la escala profunda y compleja del problema -como si no nos hubiésemos enterado- y que se refleja en esos comentarios bastante obvios sobre que las iniciativas individuales no son suficientes ante un sistema económico basado en la depredación. ¿Por qué me molestan si apuntan a algo real? 

Bueno, porque soy jodida. 

Pero, además de eso, Tim Morton me dio una suerte de salida de ese dilema forzado, no directamente de su lío con los hiperobjetos, donde sí se extiende en lo absurdo que es tratar de entender el problema de escala del calentamiento global, si no que en su rescate de la ironía ecológica como salida del entuerto. Estamos ante un problema de tal escala y complejidad que, en vez de paralizarnos, debemos seguir accionando y aceptar, de una buena vez, que estamos atrapados por nuestros límites y reconciliarnos con sentirnos raros e incómodos con ellos.

Dice Morton, parafraseando a Talking Heads (y que yo acomodo a Gatito Earth): la conciencia ecológica es algo así como un día despertarte, darte cuenta que, ¡hey!, ésta no es mi hermosa casa y éste no es mi hermoso gato y, bueno, vivir con esos giros absurdos.

Pero hay poco espacio para la ironía en estos días. Hay, en cambio, mucho espacio para las soluciones de gente que se toma muy en serio. O algo así al menos interpreto de Joanna Zylinska que, en esta entrevista, dice que los beneficiados de la porno industria del apocalipsis son aquellos poderosos de siempre, usualmente hombres, que van a encontrar en esas narrativas la excusa perfecta para seguir acumulando el capital a través del solucionismo. En el Antropoceno que nos contamos como apocalipsis reiterado “es evidente que no todo el mundo sobrevivirá; solo el grupo de los «especiales». Antes estos eran los miembros de la realeza, el rey y la reina, pero ahora lo son los que controlan la tecnología, la innovación, los que deciden qué es tecnología e innovación y qué no lo es, y cómo deberían funcionar”. 

:O ¡Se hace tan obvio esto cuando hace solo unos días Elon Musk siguió alimentando sus relaciones públicas con la nave Starship que irá a Marte! Oh, los prohombres tech y multimillonarios, esos que siempre se toman tan en serio (unas muestras recientes acá y acá), no solamente están pensando soluciones definitivas para el planeta Tierra, sino también en hacer una suerte de turismo de terraformación y especulación smart en Marte. Qué tranquilidad

A todo esto, me parece muy entretenida toda esta corriente de la terraformación (a la que llegué gracias a tu recomendación anterior de Jussi Parikka), que afirma que, ante la emergencia climática, debemos pensar en la terraformación de nuestro propio planeta antes que la de Marte. Me gusta porque podría implicar, si no es acaparado por el establishment, pura potencia creativa y especulativa de corto plazo. 

A propósito, a ti, querida Danae, que me reprochas que no me quiero ir de esta ciudad-desierto, te quiero invitar a mi proyecto de terraformación de Santiago. Eso sí, por ahora, somos solo yo, les gates (foto adjunta de la última reunión), les amigues que quieran unirse y poco más. Pero -acá viene la parte interesante- será, por un lado, una terraformación situada en un territorio que jamás ha salido de la órbita de roca, montaña y autoritarismo que lo asfixia y, por otro, donde El Pensamiento Masculino (así, con hartas mayúsculas, como el pensamiento legal) NO estará presente ni en soluciones ni, como aprendí de Zylinska en este pequeño y bello libro, en fingir un pensamiento total y erecto. 

En lo reducido, lo confuso, lo vago y, por qué no, en el low-tech, haremos tierra y nos sentiremos raras.

Las raras,

p

Sardi y su colmillo

¡Amiga!

Es cierto que ha estado todo bien agitado con las andanzas de Greta en Babylon, al respecto he sentido mucho placer al observar a tanto weón inculeable perder la cabeza. Este delirio masculino lo conecté inmediatamente con una entrevista que leí de mis ídolas Gayatri Spivak y Angela Davis donde la Spivak dice que en esta sociedad los hombres consideran que el liderazgo de una mujer equivale a ausencia de liderazgo. Entonces claramente desde ese supuesto sexista se cuelgan los negacionistas y los que promueven noticias falsas sobre Greta y conspiraciones varias.

Debido a este escenario he pensado demasiado en una persona muy querida que se convirtió hace rato a este absurdo libertarianismo tech. Obviamente empezó su locura con la especulación de criptomonedas y entre las causas dementes que hoy promueve por supuesto está el negacionismo de la emergencia climática ¿Por qué hay una línea directa entre esos hombres criptolibertarios y los neofascistas? ¿Se puede decir que el diseño de ciertas tecnologías es capaz de producir narrativas de odio? La conexión entre fascismos y negacionismo climático la exploraron en este ensayo los Metahaven, artistas excelentes de Rotterdam, usan el caso de la ultraderecha holandesa quienes han llegado incluso a inventar la palabra klimaatminaretten para relacionar molinos de energía eólica con edificaciones musulmanas. Un asco. Lo peor es que esta gente está entre nosotros y las redes sociales amplifican sus mensajes idiotas. Creo que hay que hacer algo al respecto pero no sé qué, por mientras a mi amigo le escribí un poema en mi blog.

Amo tu propuesta de terraformación, el link de Strelka está muy bueno también. Igual el otro día sapié un cahuín donde el Lev Manovich, les reclamó en un post de Facebook que se sentía decepcionado que en Rusia se estuvieran promoviendo lecturas tan blancas. Y bueno, no pude más que encontrarle razón. Como sabes, vengo llegando de Moscú, fui con el Javi a visitar a nuestros amigos Ilya y Anastasia y lo pasé demasiado bien, los echaba de menos y fue un sueño conocer la ciudad con ellos. Les pregunté si era tema el cambio climático allá y me dijeron que no realmente, aunque había que entender que esa apatía estaba en gran parte motivada por la enorme represión policial que tienen allá, también me di cuenta que claramente los asuntos medioambientales difieren mucho de los que hay en Europa occidental, por ejemplo la ciudad tiene mucho smog, está llena de autos y tienen problemas como la quema de basura (onda recordé cuando era chica y andaba en auto por la Panamericana con mis papás y sentía la brisa con olor a basura quemada mientras cruzábamos Carlos Valdovinos, Departamental, El Parrón).

Entonces claro que hay que tener siempre en la cabeza este componente ¿poscolonial? que hace que nuestras experiencias de la crisis climática sean tan distintas dependiendo de donde estamos. Por eso acepto con todo tu invitación a la terraformación (primera vez que leo el término traducido cacha la wea blanca po) yo creo que podemos inventar algo transoceánico, tú en Calama o sea en Santiago y yo en Rotterdam. Sobre la vuelta poscolonial de la terraformación, creo que es un buen recurso esta entrevista a mi ídolo Achille Mbembe en la que habla de la descolonización como una tarea planetaria. Mbembe es muy crítico de las tecnologías que asignan valor a todo y convierten el entorno completo en algo computable, el problema es claramente que lo no computable termina no existiendo ¿Podremos incorporar todos los factores de la emergencia climática en un sistema informático? ¿El problema de lo no computable implica que hay que ser conservador respecto a los avances tecnológicos? Yo creo que no y ese es el desafío: descolonización planetaria cyborg.

No tengo fotos de gatos porque en Moscú estaban todos escondidos en sus casas muertos de frío pero sí te puedo compartir esta imagen de mi amiga Nastya que es básicamente un gato mientras mira una obra de Jon Rafman en Garage, el museo de arte contemporáneo de Moscú. Había una exposición increíble sobre ecología como proceso político llamada The Coming World: Ecology as the New Politics 2030-2100, la curatoría estaba bacán, habían obras de Martha Rosler, de Studio Drift, de Critical Art Ensemble, dibujos de Le Corbusier, hasta unas pinturas de la edad de oro holandesa. Jon Rafman es un artista que trabaja únicamente con imágenes de Google Street View ¿Está Google registrando la visualidad de los últimos días de la humanidad?

Tqm amiga, la gatito earth me da vida

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